En ocasiones he dejado caer mis principios fundamentales y he caminado entre situaciones que me vulneran sólo por la cuota de placer que he logrado entre alguna mierda. Mi nombre es Diana, tengo 34 años, peso 70 kilos y esta situación acabó hoy, cuando pudo acabar ya hace un par de años. Soy Naná y he descubierto que soy la misma mujer desde que tengo 24. Siempre he cambiado mi cabello, mi peso y mi estética, pero no he cambiado la esencia de los que soy. He descubierto con 34 años que no tengo paciencia para muchas cosas, no por arrogante, sino porque llegué a un punto en mi vida donde no me apetece perder tiempo con aquello que me hiere. Perdí la voluntad de agradar a quién no agrado, de amar a quién no me ama y de sonreír para quién no quiere sonreírme.
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