SINDROME

3:33 p. m. 0 Comments

Alguien totalmente diferente / compatibles en nuestra naturaleza. Piensas rápido, aun más que yo y entiendes de que se trata este simple acto de placer que me das al hablar.

Y SI ERES

12:51 p. m. 0 Comments

Que necesito a alguien que comparta mi corazon
Que me adore y yo adore
Que me entienda y yo entienda
Que no deje de ser libre por mi, ni yo por el
Que compartamos todo y que culiemos bien
Juntos
Y por separado
Y que eso, que es placer, que ambos podemos compartir con otro no afecte nuestro real corazon
Ni nos haga indignos uno frente al otro

CUANDO TOCAS A MI BANDEJA DE ENTRADA

12:19 a. m. 0 Comments

Cuando llegas nuevamente solicitando mi atención, con un espíritu amable para llenarme de novedades e ideas, entiendo que me envías guiños y flores, que me extrañas, que me necesitas y necesitas de mi amor en respuestas cortas pero exactas. Amas contrariado, contrapicado, controvertido, Contreras a lo que quieres admitir. Cuando luchas por salir del caos sólo para hablarme y reconstruir nuestro raro estado de precaria intimidad, siento que estiras las brazos a la distancia para engancharte con mis brazos. Deberíamos dejar que nuestros brazos se estiren por toda la avenida Venezuela y que se encuentren en Metro de Faucett. Que se unan a la mitad de la ruta que todavía nos une. Que se entienda que no he dejado de amarte, que no has dejado de amarme. Que ahora somos un par de prematuros viejos viviendo más de la amistad que del coito.

HOY

2:11 p. m. 0 Comments

Perdona mis labios.
Encuentran placer en los lugares más extraños...


ROMAÑA

8:18 p. m. 0 Comments

Ahora que voy llegando a los 30 empiezo a entender tardíamente las cualidades de tu amor. Y, aunque me equivoque y equivocaste, aunque te lastimé y me lastimaste, cierto es que fue un gran amor el que nos dejó compartir tantos años juntos. Solo recién entiendo las cualidades de tu amor y si bien, sé con claridad que no hubiera podido compartir mi vida contigo, debo declarar que eres la única persona a la que amé. Y es que nunca, ni antes ni después de ti, intenté domar mis instintos como contigo, sacrificando mi hedonismo por tu estabilidad y en cumplimiento de tus expectativas. Y bien, ahora es difícil explicar esta sensación de necesidad de ti a pesar de saber que has vuelto a ser el pelmazo orgulloso que dejaste de ser a mi lado. En fin, brotan ahora muchas frustraciones y deseos truncos al leerte y hacer historia de lo nuestro. No existes más para mi pero sigues viviendo donde ya no deberías. Tengo que lograr que te mueras en mi

TE PIENSO

7:32 p. m. 0 Comments

Te pienso y siendo que mis pechos se hinchan, como si se entregaran a tus labios. Mojo mis labios. Me mojo mientras marco con mis dedos la ruta de tu lengua sobre mi. Me abro como la última vez que me tuviste en tu cama. Te recibo con total placer. Eres mi visitante perfecto: entras a casa, haces de mi interior el tuyo. Procuras cada movimiento y te marchas sin abandonarme. Sigo pensándote y mis dedos húmedos lubrican mis pezones duros, oscuros. Y recorro el ritmo de tus lunares, trazando líneas imaginarias sobre tus hombros, sobre tu espalda: constelaciones enteras motivan tus movimientos en mi. Empujas. Tiras. Presionas. Pienso en ti y sigo meneándome sobre mi cama. Llegas. Llego. Te huelo. La huelo en ti.

REAL Y SALVAJE

9:11 p. m. 0 Comments

He soñado con un ser mitológico que salpicada semen sobre mi. Su cola aguijón se movía incansablemente, manchando mi ropa negra con sus fluidos de indescriptible color, de fuerte sabor. Complacida por el ataque de la Bestia me deje caer suavemente sobre el piso de cemento que se elevaba al cielo dibujado de celeste. Sus garras rozaron mis brazos y despojaron mi mano derecha del guante blanco que la protegía para luego lamer cada uno de mis dedos. Así la Bestia partió, extendiendo sus doradas alas. Lo sentí aún turbado por el rápido encuentro. Llevaba mi guante incrustado en las deformes uñas. Partió con él mi deseo de volver a soñarlo.

Segunda Primera vez...

3:44 p. m. 0 Comments

Hoy, recién hoy he extrañado, a pesar de desconocer lo que extraño. Hoy te he recordado todo el día; pero no tengo certeza de todo lo que paso. Parece que estoy recreando y haciendo infinitos momentos mínimos. No debí fumarla toda, debí concentrarme en ti y no estar tan pérdida. Habrán sido los vecinos con su juerga, las risas exageradas o mis malas bromas lo que no nos dejó acoplarnos armónicamente. Habrá sido la hierva y el alcohol. No sé, delicioso. Ser hermoso. Te propongo una segunda primera vez.

PEQUEÑO PRINCESO

11:30 p. m. 0 Comments

No existe un tiempo preciso para la ejecución de nuestros deseos. No. Ella ha corrido mucho por satisfacer caprichos infames: entra y sale gente de su vida y de su cuerpo que ha preferido, sin proponérselo, la memoria selectiva. Y no por insatisfacción o vergüenza; es sólo la purga que su mente exige. No hay fechas ni horas, detalles, chistes recortados, poses preestudiadas. No hay recuerdos del coqueteo previo o conversaciones posteriores. Solo la música e imágenes recurrentes guían sus actos. Otra piel, Ojos Rojos, un millón de años luz; el roce de reconocimiento, las conversaciones en la cama, la felación, el cunniliingus. Nunca existió un pero, pero tocó perdonarle la vida a un dios desarraigado de los placeres terrenos solo por su hermosa desnudez. Pequeño princeso, ella tenía tanta hambre y tu pusiste las sábanas de mantel

NO HAY DIAGNOSTICOS

11:22 p. m. 0 Comments

Ha pasado ya a la historia las historias de las abundantes barbas y los bigotes tentadores y se, y solo se, que el tiempo no cura nada

Razones para dejar de insistir en dejar lo dejado. 

11:21 p. m. 0 Comments


Desde que te conocí y amé, no he logrado ordenar el carnaval que formas en mi cabeza. He intentado abandonarte unas 4 ocasiones y solo he logrado separarme de tu cuerpo. Todo ha sido un error de origen: desde nuestro primer beso, tu ebrio y yo coqueada, hasta el acostarnos en la estrecha cama que debidó resistir por dos años a un par de extra large.  Creí que estar a tu lado en los malos momentos le daría mayor intensidad al disfrute de los buenos, pero una vez, las contradicciones empujan, ahogan... 

Luego de la indiferencia, de las peleas por el tiempo, por las obligaciones, por la oposición de mis padres. Por los sábados no compartidos, por las películas no vistas y los chiquitraumas de tus desamores. Luego de los escándalos en la calle y de no hablar, no logro empujarte, no logro empujarme al destierro sentimental. Luego de las ofensas y las infecciones, de las sonrisas fingidas, del infierno de la embriaguez, aún estoy limpia para seguirte amando. 

No he encontrado razones para dejar de insistir en dejar lo dejado. No hay buenas razones para amarte como te amo, sólo sé de mi vehemencia al hacerlo y eso si tiene una explicación: es el Contreras que has instalado en mi, es el Contreras que abandonaste en mi cabeza

la arrogancia

9:42 p. m. 0 Comments

la arrogancia es...es ser todo lo que fuiste hoy. 

La vida

12:24 p. m. 0 Comments

La vida que me viola tuvo demasiadas noches, más de las que imaginé. Es la soledad pese a la compañía, es la soledad a pesar de tener ese cuerpo que amo junto al mío y no lograr entender nada de lo que le sucede. Es acompañar un funeral silente, atenta a la innecesidad del difunto. Nunca te dije cuanto te amo. He preferido siempre contenerlo en la boca hasta sentir su amargo exilio sobre tus hombros tras el abrazo. Y es que tu vives del pasado, de (in)feliz recuerdo, para olvidar el día a día que nunca te satisface. Estas viviendo tu entierro a diario...y yo no sé si pueda seguir velándote.

Minucias

9:40 p. m. 0 Comments

bah! desbaratar situaciones enanas, conflictuarte enormemente. Yo no me equivoque contigo. Si lo besas, si te acuestas, si le damos mas vueltas a lo que flota. Todo sucede y acaba. Sucede siempre y en serio, sucede la vida. Y la vida termina. Termina lo bueno, el sexo, las conversas, los tragos. Lo unico palpable y bueno. Minucias.

la Dra. patrocla y la mala maña de sus consejos

10:12 p. m. 0 Comments

Muchas veces siento que mi influencia en las mujeres es alta gracias a las cachetadas verbales que les prodigo casi a diario en cada una de las consultas. También he comprobado mi relativo exito entre los hermosos ejemplares del sexo masculino que vienen a conversar y recibir, siempre y por sobre todas las cosas, sus dosis de desahuevina compuesta. Ellos ven en la doctora y en su personalidad al personaje indomable, decidido y deseable. Pero ¿que pasa cuando pones el ojo, lanzas la bala confiada en la plenitud de sus conocimientos vitales y, derrepente, el pendereje recibe el impacto libre de la maldita polvora que lo hara adicto a ti? Primero imaginas que has perdido toda frescura, toda novedad. Ya tu discurso no es novedoso, ya tus formas no incitan morbo o curiosidad. Te quieren cerca para ser esa amiga que habla como amigo, la que soporta las porquerias que pasan por su cabeza y da opiniones de otros culos femeninos. Entonces eres una compañera ideal, con la que armas patota, con la que bromeas. Un buen ejercicio de reflexion es analizar tus formas y actos frente a programas televisivos de mediodia: esas mujeres de pelo largo, tetas redondas y cortos pantalones son realmente los ideales a lo que debes aspirar para conquistar a alguien?... lo peor es que luego de reflexiones como estas se te ocurre la idea de fingir: que tus palabras, tus miradas y sonrisas sean timidos, como de niña culpable. Puede que eso funcione, pero fingir con un homo vale realmente el esfuerzo? y cuando ya no puedas mas con la pose, que salga tu cara de siempre, tu risa de siempre, tus modos de siempre, que retorica usar?. Aveces no puedes bromear con esas situaciones, simplemente supera. Supera pues mamita, si no le gustas, mejor no insistas.

VUELVE LA DRA. PATROCLA POR UN CASO DE SPB

2:19 p. m. 0 Comments

Es bastante inusual toparse con este tipo patológico, y hacerlo puede generar reacciones contradictorias: de la risa al llanto, de la pena a la furia; puede incluso justificar asesinatos absurdos con floreros, sartenes y cuchillos de manteca. Los casos de SPB surgen, generalmente, en hijos únicos mayores de 26 y menores de 30. Pacientes que viven con madres preocupadas, de las que llaman 4 o 5 veces al día, hombres suavemente tratados, poco acostumbrados al riesgo de la vida diaria con un terror enorme a situaciones altamente sexuales. El SPB o susto post beso es una condición que genera altas contradicciones en las personas que la padecen. "¡Por Dios!" es una muletilla usual para detectar la afección. Primero, se acercan diciendo cosas bonitas, extienden los brazos para jugar con tus cabellos, piden salir, piden pasear, piden tiempo, piden exclusividad y luego de recibir el beso que tanto piden, se alejan. Podemos catalogar como estúpido su accionar irreverente, porque basta con una sesion de besos para alejarse. Ojo, hablan demasiado: una verborrea de deseos falaces que logran confundir hasta a los mercachifles más experimentados del mercado central. "Bla bla bla ", comenta la Dra. M.Cecilia Dexosa Nepe 500mg, especialista en lenguaje subnormal y conductas destructivas, que invita a reflexionar sobre el estado mental de estos pacíficos seres, prestos a los abrazos y el contacto físico, siempre y cuando la interacción con otros no sea sexual, por el delicado estado morfológico de redondes inglinal que impide el alargamiento y buen uso fálico. Se han detectado casos extremos de aritmia al bailar y declamación excesiva de poesía. No son peligrosos, disfrútelos, como siempre aconsejo, del tiempo que duren a su lado y rechácelos cuando decidan retomar sus actividades linguales; ellos siempre vuelven, así que póngase gozadora al dar un rotundo no. Explíquele la teoría del generar amor y destruir el amor, enfrentando a Cassanova con Don Juan, y medíquelo con tres cucharas de deseo antes de mandarlo a casa.

Y LAS COSAS...

11:04 a. m. 3 Comments

las cosas tienen movimiento. Recuerdo aquel que procurabas al tocame, tan poco cercano a esas peliculas porno que nos deteniamos a ver en polvos, siempre entre tantas risas complices, colorados por el sol y la caminata. Mi mente sigue perdiendose en tu barba espesa. Ayer fue difícil; tantas preguntas luego de tanto tiempo. Ya sabes como es mi familia, siempre quiere saberlo todo...

raro

7:04 p. m. 0 Comments

Vamos a ver como salen estos post mobiles...bah!

VUELO

9:36 a. m. 4 Comments

Yo, que voy saltando sobre tonterías, sobre malos placeres, sobre amigos cansados de serlo, sobre chocolate caliente, sobre películas mal pirateadas de luca china; yo he descubierto que puedo volar. Camino lento sobre la facultad. Gente desconocida habla muy alto mientras levito camino a clase. Los lunares pardos me tienen volanto; recuerdo la forma de cada uno y recuerdo la ruta que marque entre ellos, avanza el índice derecho sobre su piel.
Es cierto que existe una gran melancolía en mis palabras, pero es un estado efímero que no puedo representar en mis modos, en mis gestos, en mis acciones. Sólo salto sobre tu cama, me elevo sobre ti y te siento completo. Cada vez puede ser la última y tengo que recordarte. Y la sensacion al recordar quiebra mi estabilidad al andar, por eso vuelo ahora sobre la facultad.

EN LOS INTENTOS DE ENCONTRAR A DIANA

2:24 p. m. 0 Comments

  • Diana después de su baño. Francois Boucher, 1742

Esa, la de la izquierda, soy yo, Diana Lucrecia. Sí, yo, la diosa del roble y de los bosques, de la fertilidad y de los partos, la diosa de la caza. Los griegos me llaman Artemisa. Estoy emparentada con la Luna y Apolo es mi hermano. Entre mis adora­dores abundan las mujeres y los plebeyos.

Hay templos en mi honor desparramados por todas las selvas del Imperio. A mi de­recha, inclinada, mirándome el pie, está Jus­tiniana, tiniana, mi favorita. Acabamos de bañarnos y vamos a hacer el amor.

La liebre, las perdices y faisanes los cacé este amanecer, con las flechas que, retiradas de las presas y limpiadas por Justiniana, han vuelto a su aljaba. Los sabuesos son deco­rativos; rara vez me sirvo de ellos cuando salgo de cacería. Nunca, en todo caso, para cobrar piezas delicadas como las de hoy porque sus fauces las majan hasta volverlas incomestibles. Esta noche nos comeremos estos animales de carne tierna y sabrosa, sazonados con especias exóticas y bebiendo el vino de Capua hasta caer rendidas. Yo sé gozar. Es una aptitud que he ido perfeccio­nando sin descanso, a lo largo del tiempo y de la historia, y afirmo sin arrogancia que he alcanzado en este dominio la sabiduría. Quiero decir: el arte de libar el néctar del placer de todos los frutos –aun los podri­dos– de la vida.

El personaje principal no está en el cua­dro. Mejor dicho, no se le ve. Anda por allí detrás, oculto en la arboleda, espiándonos. Con sus bellos ojos color de amanecer me­ridional muy abiertos y la redonda faz aca­lorada por el ansia, allí estará, acuclillado y en trance, adorándome. Con sus bucles ru­bios enredados en la enramada y su pequeño miembro de tez pálida enhiesto como un pendón, sorbiéndonos y devorándonos con su fantasía de infante puro, allí estará. Sa­berlo nos regocija y añade malicia a nuestros juegos. No es dios ni animalillo, sino de especie humana. Cuida cabras y toca el pí­fano. Lo llaman Foncín. Justiniana lo descubrió, en los idus de agosto, cuando yo seguía la huella de un ciervo por el bosque. El pastorcillo me iba siguiendo, embobado, tropezándose, sin apartar los ojos de mí ni un instante. Mi favorita dice que cuando me vió, empinada.

–un rayo de sol encendiendo mis cabe­llos y enfureciendo mis pupilas, todos los músculos de mi cuerpo tirantes para dispa­rar la flecha– el chiquillo rompió a llorar. Ella se acercó a consolarlo y entonces ad­virtió que el niño lloraba de felicidad.

«No sé qué me pasa», le confesó, sus mejillas arrasadas por las lágrimas, «pero cada vez que la señora aparece en el bosque las hojas de los árboles se vuelven luceros y todas las flores se ponen a cantar. Un espíritu ardiente se mete dentro de mí y caldea mi sangre. La veo y es como si, quieto en el suelo, me volviera pájaro y echara a volar».

«La forma de tu cuerpo ha inspirado, precozmente, a sus pocos años el lenguaje del amor», filosofó Justiniana, después de referirme el episodio. «Tu belleza lo embe­lesa, como el cascabel al colibrí. Compadé­cete de él, Diana Lucrecia. ¿Por qué no jugamos con el niño pastor? Divirtiéndolo, también nos divertiremos nosotras».

Así ha sido. Gozadora innata, igual que yo y, acaso, más que yo, Justiniana nunca se equivoca en asuntos que conciernen al placer. Es lo que más me gusta de ella, más aún que sus caderas frondosas o el sedoso vello de su pubis de cosquilleo tan grato al paladar: su fantasía rápida y su instinto certero para reconocer, entre los tumultos de este mundo, las fuentes del entretenimiento y el placer.

Desde entonces jugamos con él y, aun­que ha pasado bastante tiempo, el juego es tan ameno que no nos aburre. Cada día nos distrae más que el anterior, añadiendo no­vedad y buen humor a la existencia.

A sus encantos físicos, de diosecillo viril, Foncín suma también el espiritual de la ti­midez. Los dos o tres intentos que he hecho de acercarme a él para hablarle han sido vanos. Palidece y, cervatillo arisco, echa a correr hasta desdibujarse en el ramaje como por arte de nigromancia. A Justiniana le ha murmurado que la sola idea, ya no de to­carme, sino de estar cerca de mí, de que lo mire a los ojos y le hable, lo aturde y aniquila. «Una señora así es intocable», le ha dicho. «Sé que si me acerco a ella, su belleza me quemará como a la mariposa el sol de Libia».

Por eso jugamos nuestros juegos a escon­didas. Cada vez uno distinto, simulacro que se parece a aquellos números de teatro en que los dioses y los hombres se mezclan para sufrir y entrematarse que gustan tanto a los griegos, esos sentimentales. Justiniana, fin­giendo ser su cómplice y no la mía –en verdad, la astuta lo es de ambos y sobre todo de sí misma–, instala al pastorcillo en un roquedal, junto a la gruta donde pasaré la noche. Y entonces, a la luz de la fogata de lenguas rojizas, me desnuda y unta mi cuerpo con la miel de las dulces abejas de Sicilia. Es una receta lacedemonia para con­servar el cuerpo terso y lustroso y que, además, excita. Mientras ella se agazapa sobre mí, frota mis miembros, los mueve y los expone a la curiosidad de mi casto ad­mirador, yo entrecierro los ojos. A la vez que desciendo por el túnel de la sensación y vibro en pequeños espasmos deleitosos, adivino a Foncín. Más: lo veo, lo huelo, lo acariño, lo aprieto y lo desaparezco dentro de mí, sin necesidad de tocarlo. Aumenta mi éxtasis saber que mientras gozo bajo las diligentes manos de mi favorita, él goza también, a mi compás, conmigo. Su cuerpe­cito inocente, abrillantado de sudor mien­tras me mira y se solaza mirándome, pone una nota de ternura que matiza y endulza mi placer.

Así, escondido de mí por Justiniana entre las frondas del bosque, el pequeño pastor me ha visto dormir y despertarme, lanzar la jabalina y el dardo, vestirme y desvestirme. Me ha visto acuclillarme sobre dos piedras y orinar mi orina rubia en un arroyuelo transparente en el que, aguas abajo, él se precipitará luego a beber. Me ha visto de­capitar gansos y desventrar palomas para ofrecer su sangre a los dioses y averiguar en sus vísceras las incógnitas del porvenir. Me ha visto acariciarme y saciarme yo misma y acariciar y saciar a mi favorita, y nos ha visto a Justiniana y a mí, sumergidas en la corriente, bebiendo el agua cristalina de la cascada cada una en la boca de la otra, saboreando nuestras salivas, nuestros jugos y nuestro sudor. No hay ejercicio o función, desenfreno y ritual del cuerpo o del alma que no hayamos representado para él, pri­vilegiado propietario de nuestra intimidad desde sus escondrijos itinerantes. Él es nues­tro bufón; pero también es nuestro dueño. Nos sirve y lo servimos. Sin habernos tocado ni cruzado palabra, nos hemos hecho gozar innumerables veces y no es injusto decir que, pese al insalvable abismo que nuestras dis­tintas naturalezas y edades abren entre él y yo, estamos más unidos que la más apasio­nada pareja de amantes.

Ahora, en este mismo instante, Justi­niana y yo vamos a actuar para él y Fon­cín, simplemente permaneciendo allí, detrás, entre el muro de piedra y la arboleda, ac­tuará también para nosotras.

En breve, esta eterna inmovilidad se ani­mará y será tiempo, historia. Ladrarán los sabuesos, trinará el bosque, el agua del río discurrirá cantando entre la grava y los juncos y las coposas nubes viajarán hacia el Oriente, impulsadas por el mismo vientecillo juguetón que removerá los rizos alegres de mi favorita. Ella se moverá, se inclinará y su boquita de labios bermejos besará mi pie y chupará cada uno de mis dedos como se chupa la lima y el limón en las calentu­rientas tardes del estío. Pronto estaremos entreveradas, retozando en la seda sibilan­te de la manta azul, absortas en la embria­guez de la que brota la vida. A nuestro alrededor, los sabuesos merodearán echán­donos el vaho de sus fauces ansiosas y acaso nos lamerán, excitados. El bosque nos oirá suspirar, desmayándonos, y, de repente, gri­tar heridas de muerte. Un instante después nos escuchará reír y chacotear. Y nos verá irnos adormeciendo en un sueño apacible todavía sin desenredarnos.

Es muy posible entonces que, al vernos prisioneras del dios Hipnos, tomando infi­nitas precauciones para no recordarnos con el tenue rumor de sus pisadas, el testigo de nuestros disfuerzos abandone su refugio y venga a contemplarnos desde la orilla de la manta azul.

Allí estará él y ahí nosotras, inmóviles otra vez, en otro instante eterno. Foncín, lívida la frente y las mejillas sonrosadas, sus ojos abiertos con asombro y gratitud, un hilillo de saliva colgando de su boca tierna. Nosotras, mezcladas y perfectas, respirando a la par, con la expresión colmada de las que saben ser felices. Allí estaremos los tres, quietos, pacientes, esperando al artista del futuro que, azuzado por el deseo, nos apri­sione en sueños y, llevándonos a la tela con su pincel, crea que nos inventa.

  • ELOGIO DE LA MADRASTRA. MVLL. 1988